lunes, 3 de octubre de 2011

NATURALEZA Y CULTURA

NATURALEZA Y CULTURA





El ser humano es un animal cultural. La cultura permite un método eficaz de adaptación a la naturaleza a través del lenguaje simbólico y de la técnica. El avance en el conocimiento del genoma, que ofrece una descripción interior de lo que somos y también un mayor conocimiento del cerebro, ha permitido aproximarse de un modo nuevo a la naturaleza humana. No nacemos como un papel en blanco, sino con la información que llevan los genes a través de la selección natural.

«La naturaleza humana no es todo lo que nosotros somos. Es el conjunto de los rasgos  permanentes que tenemos los seres humanos, lo común. La naturaleza individual está grabada en el propio genoma, presente desde la formación del zigoto, y no cambiará en toda nuestra vida; no depende de dónde nacemos. Si nacemos en Arabia Saudí aprenderemos árabe, pero en cualquier caso cualquier ser humano aprenderá la lengua que escuche hacia los dos años de vida.




La naturaleza es la influencia que recibimos genéticamente; cosas tan difíciles como respirar cuando duermo. Pero hay otra información que no llega por los genes sino por el aprendizaje social, la imitación, el ensayo y el error, como usar cuchillo y tenedor para comer. También la religión o las lenguas, los deportes y la política son cultura. La diferencia entre naturaleza y cultura es la diferencia entre lo congénito y lo adquirido; entre genes y memes (los rasgos culturales); entre lo almacenado en el genoma, el órgano de la naturaleza, y en el cerebro, el órgano de la cultura

» Escribe J. Mosterín.

Los humanos provenimos de una rama de los primates que, a través de una serie de transformaciones que conocemos por los fósiles, desarrollaron las características biológicas del homínido actual. El proceso que enlaza a los primeros primates con el homo sapiens es de, aproximadamente, 70 millones de años. Durante el Mioceno, hace unos 15 millones de años, tuvo lugar una gran sequía que hizo retroceder los bosques y obligó a los homínidos que vivían en los árboles a bajar al suelo. Los primates que incorporaron a su código genético la posición erecta o vertical que les permitía ver de lejos y, caminando sobre las piernas, liberar las manos son los que mejor se adaptaron al nuevo medio cambiante y, por lo tanto, los que transmitieron por herencia estas características a sus descendientes. Al mismo tiempo, la progresiva reducción de la mandíbula fue acompañada de la expansión de la caja craneana y del desarrollo del cerebro.



Se sabe qué hace unos dos millones de años los homínidos ya cazaban en grupo y utilizaban herramientas. Pero el paso decisivo en la hominización fue el surgimiento del lenguaje. El origen del lenguaje no puede establecerse con exactitud; su evolución, tampoco. Hace unos 100.000 años aparece en África una forma de homo sapiens de la cual derivamos todos. Es el homo sapiens sapiens, que se diferencia de los precedentes por una reducción de las mandíbulas, un cambio en la forma de la cabeza y una barbilla prominente. Este humano es el que desarrolla un lenguaje abstracto, como el nuestro, convive en sociedades de cazadores y pescadores, fabrica herramientas, practica el culto a los muertos y cultiva las primeras formas artísticas

de las que tenemos noticia. Éstos son, pues, los rasgos fundamentales del proceso de  hominización:

Las modificaciones corporales que permitieron caminar, utilizar las manos y desarrollar el cerebro.

La fabricación de herramientas.

La aparición del lenguaje.

El desarrollo de las formas de relación social: caza, pesca, convivencia, poblados, arte, religión.















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